lunes, enero 14, 2008

Eclipse

Este es el inicio de un cuento que estoy haciendo, tengo todo pensando y voy a de a poco estructurandolo quiza siga subiendolo.


No puedo recordar palabras, sólo como me sentí en ese momento y aquellas miradas, como si todo estuviera sin sonidos, como una película muda, una de Chaplin donde manifiesta todo la emoción con su mirar.
Ya llevaba un buen tiempo en casa, me adaptaba cada vez más, pero aun así seguía siendo una pequeña con problemas de seguridad, taciturna, que se movía entre pequeños espacios sin hacer ruido alguno y que se perdía entre la maleza de los bosques… Mi abuela nos llevaba seguido a recorrer las riquezas rurales de nuestra zona, a caminar largos tramos de tierra, recoger toda clase de flores, emborracharme del olor a naturaleza arrasada por mis pasos y el río mojando sus caudales y humedeciendo la tierra., olor a humus.

***
Mi madre ya no me miraba y tampoco miraba a mi padre, se alejaba paulatinamente de mis abrazos y tomaba unos ajenos, unos de un hombre que detestaba por completo, porque me estaba quitando algo que es mío, esos abrazos y besos… ¡Yo los quiero de vuelta!. Mis hermanas mayores no cesaban de defender a mi madre, claro eran mujeres igual que ella, pero no les daba derecho a defender su falta de amor hacia su propio hijo. Desde los siete años adopte una forma de desahogar mi carencia de caricias en la habitación llena de juguetes construyendo paredes de barcos de papel, escudándome allí junto a un libro de fantasía que contenía un cassette que relataba la historia, la historia de un joven que nunca crecería, que su alma se mantendría joven como la mía. Lo adosaba a mi pecho, hasta que me sintiera asfixiado por mi puño y la portada gruesa del libro. Pero a los ocho, mi hermana aburrida de escuchar esa cinta sonar una y mil veces la arrojo en el horno con el libro, no me explicaba porque había incluido el libro en su brutal venganza o hastío de mi confort. Días después, sin encontrar asilo en mi casa, me encontraba con el corazón estreñido de tantas emociones, de mi complejo de Edipo no saciado. Pues camino a casa tome uno de los caminos donde suelen pasear perros, tranquilo en mi pasar un perro que se había soltado de su cadena y me seguía ávido de querer jugar, pero su tamaño me espantó y sólo empecé a correr pero al ver que no tendría salida o que estaba cansándome de huir, divise un árbol donde pude colgarme y treparme tal como lo hace un gato en su espanto. Estando allí, sentí el abril que corría por las ramas, que dirigía a la muerte cada hoja seca y la depositaba en la necrópolis del suelo, una hojarasca que luego serian pisadas por otras personas, fragmentándose y flotando por ese mismo aire que las llevo a la muerte.

***
Lo mío nunca fue ser sociable, siempre fui una de las niñas mas silenciosas en la clase, que solo hablaba con la mirada, pero eso no siempre había sido así, antes de la muerte de mi abuela yo manifestaba mi cariño a quien se cruzara por mi vida, pero luego de su fallecimiento el amor de su fragancia abandonó mi cuerpo y se convirtió en un témpano que exhalaba aire helado… Recuerdo mi mirada opaca por años, desaparecer antes los ojos ajenos, incluso perderme en los míos. Cuando ya tenía doce años, en mi cama sentí delirios, me sentí con un hedor similar al de mi madre cuando cansada de tanto trabajar me recogía del suelo para llevarme a la cama. A la mañana siguiente senti ardor en el pecho y estaba sangrando… Mi madre se extrañaba que no me levantara, que no me moviera de mi lugar. Tanta su desesperación que destapo mi cuerpo ensangrentado y me miro con sutilidad, me tomo contra su pecho y lleno mi cabeza de caricias… No abandono su lugar junto el mío durante el día. Al día siguiente mi madre hablaba con su jefe por teléfono explicándole su falta al trabajo por mi estado, pero cada vez las cosas se ponían peor, mi madre perdía el control tratando de hallar la calma.
- ¡Despedida!
- Amor, hay una solución a este problema no te preocupes – decía mi padre
- No la hay, mañana me dijo que fuera a buscar el sobre azul, insiste en decirme con prepotencia que soy reemplazable… Claro, ha robado todos mis proyectos ese infausto – sin dudar lo que decía, corrió hacia el mesón- pero esto no se va a quedar así.
- ¿qué vas a hacer?
- Descuida…
Pero en un abrir y cerrar de ojos veo a mi madre en el suelo, mi padre tomándola, tratando de despertarla de su vahído… no era suficiente. Un veinte de mayo mi madre dejo de abrazarnos, deje de sentirla… Detesté ser mujer, me sentí tan culpable.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Andrés dijo...

Eclipse.. todos andan con la idea de un eclipse estos días. La adoración al sol y la interposición de la luna a algunos no les gusta...
Necesito saber quepasará en tu cuento, para ver si tu idea es similar.

En que te basaste para describir los protagonistas (que, supongo, llegarán a encontrarse)?