domingo, noviembre 25, 2012

Hay hombres que estan para quitarte suspiros, para verte al espejo y sentirte nuevamente una fracasada

resultados

Me empecé a sentir como tu, buen compañero, quizá un poco olvidado e insuficiente para lograr las cosas que deseas. Pero ya he avanzado, creo que ahora estoy bien, he establecido buenas relaciones interpersonales, cosas buenas... tu sabes, dejar de pensar constantemente en lo que deseo. Aún así no he podido dejar de sentirme triste por estar sola, no sola por completo esta vez, sino que no deseada, una heroína del deseo y la carencia de este. No lo sé, a veces pasan por tu vida tantas personas que ninguna volteará a verte, pasaras por la misma calle que muchos hombres que no podrían mirarte a la cara todos los días. Y si te conocieran saldrían corriendo porque estas llena de defectos. Ahora mi cara comienza a opacarse, salen manchas en la piel y algunas arrugas, un poco de canas... entre tus piernas corre esa pena que llora su olor a madera, y el vino... y el vino que va manchando tus dientes. Poco a poco te vuelves menos deseable. 
Nunca llegan los héroes... no... a veces tan sólo quieren una vagina ávida y una mujer olvidadiza. 

miércoles, noviembre 21, 2012

¡ño, caca!

Mi mamá una vez cuando recogía algo me dijo:¡ ño, ño! ¡caca, caca!. Lástima que mi madre no estaba cuando te conocí.

sábado, noviembre 17, 2012

out-put

La mejor retirada no es la estúpida que haces siempre, dando explicaciones o discutiendo, es sólo marchándote sin decir ni una cosa. Nada que puedas hacer te va acercar a quien te ignora. Es mejor esperar que la vida tenga aquel giro.

Cada vez que pienso, pienso que soy cada vez más ignorante... siempre termino pensando en las mismas pelotudeces.

Hazlo!

Se normal... en serio, aunque sea inténtalo.

sensaciones

Tengo la sensación que ya me echaste al olvido de nuevo. Así que chao, pescao.

Sólo me falta

Hay aparatos electrónicos que definitivamente harían mi vida más feliz: Una calentadora de cera, una wafflera, y un consolador recargable.

viernes, noviembre 16, 2012

vi(fa)tal

En la fiesta de nuestro fin nos pusimos las máscaras, cruzamos el salón para encontrar la mirada que pudiésemos reconocer. En ella hallamos el jolgorio de la mentira, el tabaco, la risa y la satisfacción, mermada por la acrisolada culpa y la ideología.
Nos encontrábamos en estéreo, una palabra caliente en un oído y una fría en el otro. ¡Oh, dicha! que en nuestros caminos la gente disfruta de hacer padecer al otro todos los males, de conquistar por ambición, de rehuir de nuestros sueños más limpios. 
¡Oh, dicha! que moral fue el pensamiento de la mujer que se quedó con su familia y amargó el amor que le siguió a su féretro. 
¡Oh, condenada dicha! de hacerme sentir tan bien mientras que pulso lentamente mis agujas hasta sentir el éxtasis de acabar con todo, pero tu vienes a decirme que es un engaño... amargo amor, amarga vida, siempre he querido vivir en el placer que causan sus ojos azules pero mis ideas no lo entienden, pero mi cuerpo se desnuda más fácil que mi alma y le permito rozar hasta el más extraño pedazo de mi misma, hasta que se lleva mi piel y la ocupa de abrigo para su ego malogrado. 
¡Oh, dicha! disfrutar antes que todo se desmorone. 

lunes, noviembre 05, 2012

el mirón

Cada fotografía que pasaba desalentaba mis ganas de querer continuar con la idea que habitaba en mi cabeza. No me sentía suficiente, ni bonita, ni como ella, o ella, o la otra ella de más allá. Era un desfile de mujeres que iba pisoteando mis deseos, confirmando de a poco que no lo lograría, que estaba lejos de ser como cada una. Lo miraba a el, y sentía que era torpe al pensar que si sucedería algo tenía la más remota posibilidad de surgir. No podía creerlo, cuan decepcionante era sentir que hay una fachada que no correspondía, que me iba a llevar a la frustración más grande que podría tener. 
A momentos recordaba que aún tengo la misma opción de siempre, sólo basta esperar un poco... un poco... sólo un poco más si todo llega a fallar. 

domingo, noviembre 04, 2012

Diógenes

Habian pasado largos meses desde que no volvía a casa, una de las sorpresas fue que me habían cambiado el milenario colchón que tenía en mi cama. Uno de tela gruesa y aspera, que ta tenía agujeros y se le salía la espuma ,y los resortes se clavaban en mi espalda. Sin embargo, una sensación de tristeza se alojó en mi pecho, ya nada era como antes, era como si la casa hubiese cambiado de dueño, todo aquello que le pertenecía a los recuerdos estaban guardados en los lugares más oscuros para el jubilo de las arañas. Era lo último que quedaba de lo que transformaba ese lugar en mi santuario personal. Poco a poco, ya no era bienvenida.