viernes, noviembre 16, 2012

vi(fa)tal

En la fiesta de nuestro fin nos pusimos las máscaras, cruzamos el salón para encontrar la mirada que pudiésemos reconocer. En ella hallamos el jolgorio de la mentira, el tabaco, la risa y la satisfacción, mermada por la acrisolada culpa y la ideología.
Nos encontrábamos en estéreo, una palabra caliente en un oído y una fría en el otro. ¡Oh, dicha! que en nuestros caminos la gente disfruta de hacer padecer al otro todos los males, de conquistar por ambición, de rehuir de nuestros sueños más limpios. 
¡Oh, dicha! que moral fue el pensamiento de la mujer que se quedó con su familia y amargó el amor que le siguió a su féretro. 
¡Oh, condenada dicha! de hacerme sentir tan bien mientras que pulso lentamente mis agujas hasta sentir el éxtasis de acabar con todo, pero tu vienes a decirme que es un engaño... amargo amor, amarga vida, siempre he querido vivir en el placer que causan sus ojos azules pero mis ideas no lo entienden, pero mi cuerpo se desnuda más fácil que mi alma y le permito rozar hasta el más extraño pedazo de mi misma, hasta que se lleva mi piel y la ocupa de abrigo para su ego malogrado. 
¡Oh, dicha! disfrutar antes que todo se desmorone. 

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