viernes, julio 10, 2015

umbra

No podría estar mejor, las cosas han cambiado este último tiempo. Volví a mi casa, hablo con mi padre constantemente y recibo de él todas las enseñanzas que una persona de 20 y tantos años debería aprender. Mi madre, ella empezó a trabajar, en la casa están felices porque hace mucho tiempo que no la veían llena de energía. Mi hermana sigue siendo la mejor madre, cada vez que hablo con ella me manda fotografías de mi sobrino que crece y se convierte en un pequeño tan inteligente.
Nada podría estar mejor...
Mis reflexiones cada vez empiezan a tomar las manos de otras que alguna vez dejé congelada en el tiempo... avanzo con zancadas largas pretendiendo llegar a ese estado de plenitud conmigo misma.
Nada podría estar mejor...
Pero mi amor... mi deseo... umbra de incertidumbre que es yo anteponiéndome al sol, me muevo y hay algo que se oscurece entre tanta luz. Aquello crepuscular eres tu, es la totalidad de mi atención a lo ajeno, a la comprensión de ambos para visualizar lo que podemos hacer juntos. Pero contigo ya no soy mi mejor yo cuando te deseo. Ahora tu eres la negación de mi, eres la visibilidad del rechazo a lo negativo que cargo, porque es tan simple como la realidad diciéndome que no estas, que no deseas estarlo... es el deseo de tener lo que quiero. No quiero... no lo quiero más, ni con él su luto.
Ahora el vendaval en el tejado, los gritos silenciosos de humectar la pena... el corte de luz. El invierno para mis brazos, mi nieve hecha boca, mis montes entumecidos, mi magma diamante, mi camino aceptado hasta la primavera o el quiebre de la tierra.

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